Sin embargo, en distintos rincones de esta ciudad, es muy común, y triste a la vez, ver esto: gente que busca refugio en cualquier parte, ya sea una banca, bajo un árbol, con o sin techo; el punto es tener un lugarcito para "vivir".
Por eso, todos los días doy gracias a Dios por poder tener un techo, un plato de comida caliente, y ropa que me abrigue. Pero más importante aún, doy gracias de tener una familia y no vivir en una soledad como esta.
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