La sala a oscuras parace muy tétrica, solo unos cuantos rayitos de luz logran entrar por las rendijas de las cortinas metálicas. ¡Mi escondite ideal!.
Pero cuando prendes la luz, todo queda a la vista y esa maldita luz entra por tus ojos, pero pareciera que va más allá. Es una luz blanca, molesta y sofocante.
¡Esta sí que es luz!. La luz natural, la que no molesta, la inofensiva. Esta es la luz que los profesores no saben que existe. Quizás ilumine un poco menos, sin embargo, agrada más que cualquier otra.
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